lunes 27 de diciembre de 2010

Cuatro Piedras.


Hubo un tiempo en esta tierra en que los carteles del FEDER campaban a sus anchas abriendo acá y allá líneas infinitas que se perdían en el rojo horizonte. En ocasiones, en un determinado punto de esas líneas aparecían piedras y fragmentos que eran recibidos entre la curiosidad, la avaricia y el rechazo; rechazo, porque siempre suponen un contratiempo, y avaricia, ya sea académica o económica, y la siempre inocente curiosidad.

Esos veranos en que los paisanos sonreían satisfechos enorgulleciéndose por el pasado glorioso que se iba desvelando a golpe de pico y pala, y al que rápidamente había que despojar de sus tesoros; para preservarlos, por su propio bien.

Con el tiempo la cosa cambió, la carretera se acabó, y con ella el trabajo, y también los coches, que ahora pasan allá a lo lejos como destellos intermitentes y dirigidos; este- oeste, oeste - este, ¡ah!, y del pasado glorioso sólo quedan cuatro piedras.